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PINTAR ES LA EXCUSA

Updated: Aug 25



En cada cuadro, Paz Bardi se distancia del mundo para observarlo mejor y demuestra que no hacen falta palabras cuando hay algo importante que decir. A través de retratos tan reales como imaginarios, esta artista joven y ambiciosa busca iluminar la complejidad humana con sus mejores pinceladas.


Tiene solo 24 años, pero dice que no recuerda bien cuándo comenzó a acercarse a la pintura. Asegura que su formación académica fue “muy breve”, pero sus cuadros tienen la impronta de una mano experta y sensible. También dice que pinta al óleo “menos por tradicionalista que por el placer de mezclar colores”.

Cursó dos años de Artes Visuales en la Universidad del Museo Social mientras pintaba en el taller de Julio Alan Lepez. Pero en 2014, “más por curiosidad aleatoria del mundo que por una búsqueda definida”, su espíritu nómada se despertó y empezó a viajar sin destino seguro. Desde un primer momento la excusa fue académica: estudiar, conocer nuevas técnicas, experimentar. Entonces, se capacitó en la Escola de Artes Visuais do Parque Lage, en Río de Janeiro, y más tarde hizo talleres de modelo vivo y de historieta en París. En el camino, también participó en varias exposiciones colectivas. Pero asegura que en su mochila trajo, sobre todo, experiencias de vida y momentos compartidos.

De vuelta en Argentina, su trabajo fue distinguido por Fundación BanCor y la Bienal Federal, y el año pasado fue asistente de Eugenio Cuttica en su muestra “Ataraxia”, en el Museo de Arte Contemporáneo de Buenos Aires (MAR). Su primera muestra individual fue “Humano” (2015), y hoy se prepara para inaugurar la segunda en Espacio Ftalo, una nueva galería de Palermo.


¿Cómo te iniciaste en el mundo de la pintura?

Es raro, no tengo claro en qué momento me inicié en el mundo de la pintura. Tengo los recuerdos borrosos por el tiempo y las historias que llevan encima, pero sé que Plástica era de mis materias preferidas en el colegio. Me acuerdo que de niña disfrutaba escribir y dibujar, pero no lo hacía más que en las agendas durante clases que me interesaban menos. La primera vez que terminé un cuadro fue en un taller de dibujo y pintura cuando tendría dieciséis años. Sin embargo, creo que no me sumergí en el mundo de la pintura hasta un tiempo después, cuando tuve algo que decir, por más vago que fuera.

¿Qué aportó tu formación académica a tu trabajo artístico? ¿Hay lugar para la teoría en el mundo del arte?

Mi paso por la formación académica fue muy breve: me aportó algunas bases tanto en la teoría como en la técnica, pero me perdí en eso sin buscar algo que expresar. Aunque ahora con la distancia no estoy segura de qué pasó en realidad: si fue algo en relación a lo académico o a mí, que en ese momento andaba deambulando, buscando con los ojos entrecerrados. Pero en cualquier caso, creo que siempre habrá lugar para la teoría en el mundo del arte, independientemente de que uno aboque o no su trabajo a bases teóricas.

¿Cómo fue la experiencia de vivir y desarrollarte como artista en el extranjero?

Tenía veinte años cuando me fui y la búsqueda fue el viaje en sí mismo. No salí con la idea de desarrollarme como artista, si no de vivir en otro lado, de dar vuelta la normalidad, de curiosa. Durante un año entero ni siquiera pinté, cuestionándome la idea de devenir una sola cosa: pintora o cualquier otra profesión hubiera sido posible. Fueron años de buscar un motivo y una identidad que quedará siempre abierta a mutar. En ese viaje no hubo nunca certezas de ser, sino más bien una improvisación, que es donde reside lo interesante de este oficio.

¿Cómo te sentiste participando en experiencias colectivas de trabajo?

Participando en colectivos de artistas encontré que podía compartir el cotidiano con gente que también andaba buscando algo en una especie de oasis urbano. La dinámica grupal, que en mi caso fue más que nada compartir el tiempo y el espacio con otras personas, trae consigo el intercambio de ideas, la motivación de trabajar a la par y la incorporación de la mirada ajena al propio trabajo, enriqueciéndolo.

¿Cómo te definís?

La definición es de las cosas que más me asustan, la idea de quedar con etiquetas pegadas. Imagino que ese es el principio de cómo me defino. Pero siendo un poco más específica, diría que soy una persona lunar: en contacto constante con mis emociones, sensible. Hay una parte de mí más firme y estructurada, y otra que busca continuamente romper con esa estructura… ¡Que es la misma que no quiere definirse!

¿Cómo es tu obra?

Diría que pinto desde lo irracional. No hay una premeditación de lo que hago, sino más una bajada de imágenes que no sé bien por qué razón aparecen en mi conciencia. La experiencia humana en este mundo es probablemente mi interés más grande, por eso es que las personas son siempre protagonistas en mis cuadros. Creo que lo que hago se define sobre todo en el acto de pintar en sí: en ese momento donde no hay otra cosa que la materia volviéndose forma…y entiendo sin palabras porqué hago lo que hago. Mi obra se define por el contacto con los personajes que me deja ver ese algo que busco, cuando descubro cómo se tuerce una mano o cómo se hace una mueca con la oreja.

¿De qué hablan tus cuadros?

¡Sospeche si los cuadros le hablan! Mi trabajo no viene de un lugar racional y, a veces, llenarlos de palabras -creo- le saca espontaneidad. Por el contrario, viene de un lugar más intuitivo. No hay una búsqueda de antemano de lo que quiero transmitir ni a quién. Son preguntas que surgen y se van respondiendo con el trabajo mismo y que, al estar hechas en colores y no en palabras, juegan con la subjetividad. Una vez terminado el cuadro (o sería más correcto decir “abandonado”), si a un tercero le genera algo… entonces esa es una de las respuestas posibles.

Los personajes que se ven en mis cuadros son avatares de mis amigos. A veces también míos. Digo avatares en oposición a retratos porque, si bien uso sus imágenes de referencia, es más lo que simbolizan que lo que les es propio. Creo que sería válido decir que son reales e imaginarios al mismo tiempo, ya que son también una búsqueda propia de una identificación más ligada a lo universal de lo humano.

¿Cómo es tu rutina de trabajo en el taller?

Pintar tiene la estructura de lo cotidiano. Tengo el taller en mi casa, por lo que desayunar huevos revueltos, regar las plantas y pintar forman parte del ritual de la misma rutina. Pinto con algún disco de fondo y con la casa ordenada. Lo combino con libros en cafés, el estudio de astrología, dar clases y ranchear con mis amigos. Intento manejarlo con cierta disciplina porque soy propensa a la pereza o a distraerme con una cosa u otra. Por ejemplo, me senté a responder estas preguntas y en el medio vi “El Gran Pez”, de Tim Burton.

¿Qué es el arte para vos?

Creo que el arte en general es un refugio donde soportar la repetición del devenir cotidiano. Me parece que somos muchos los que andamos por esta vida buscando esas cosas que nos salvan de vivir en un delirio existencialista: hacer la cama, tomar un café y responder los mails. Una amiga poeta citó hace poco que la vida tiene un complejo mecanismo para seguir siendo: “derrochar su belleza”. Arrojárnosla para matarnos. O, bueno, para mantenernos vivos. Creo que el arte es el momento donde se capta y se expresa esta belleza del mundo. Esta belleza o esta oscuridad, no hay diferencia. El arte es la expresión de una visión personal del mundo, o un cuestionamiento que tiene como fin la pregunta en sí misma y no una única respuesta. Es la forma que las personas, los artistas, tienen de espejar la realidad. Y en el mejor de los casos, sirve para que un otro reconozca, desde la otra orilla, eso que no entra del todo en el lenguaje… eso que se escapa cuando se escribe o se pinta. Por eso, pintar es mi excusa más grande.

¿Qué requisitos debe tener un artista hoy?

Un artista es sobre todo un observador, un extranjero en cualquier lado. Alguien que tiene cierta distancia de la realidad, desde donde ve con mayor claridad cómo se desarrolla la complejidad de este caos. Es alguien que está abierto al diálogo entre el adentro y el afuera, el mundo exterior y el interior. Por eso, creo que cualquiera podría ser artista.

¿Cómo ves a la pintura en un contexto cada vez más digital?

Creo que la pintura hace uso del contexto digital como medio de difusión. Si bien existe hoy la creación digital en sí misma, me parece que no es más que una nueva -y diferente- forma de expresión. Hoy en día la pintura de caballete pareciera casi un oficio de antaño. Por eso, me parece importante que en una era en donde la información es instantánea y las imágenes infinitas, exista todavía el tiempo dedicado a la observación y la construcción de una pieza que se opone a la idea de uso, consumo y descarte inmediato de la imagen digital. Creo que la posibilidad de la difusión es la ventaja que tienen los nuevos medios. Pero su lado flaco es que cargan un poco con la idea del zapping televisivo y desvalorizan el tiempo de trabajo que lleva la creación de la pintura.


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